Dicen

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Dicen que se están marchitando las amapolas.

Que sus colores se han tornado sombríos

y que han dejado de sonreírle al viento

para dejarse abrazar por la fría y húmeda tierra.


Dicen que las amapolas

han bailado su último vals.

Que han guardado todos sus pétalos y hojas

en la bóveda del olvido

para allí dejarlos

mientras el tiempo da su viaje postrero.


Dicen que las amapolas ya no cantan.

Por eso, las abejas no las hallan

y las libélulas vuelan angustiadas,

desesperadas,

tratando de encontrar siquiera una.


Las amapolas se marchitan,

ya no bailan.

Las amapolas se esconden tras el olvido.


No obstante, un beso suave y húmedo

acaricia sus labios de grana: es el rocío,

quien les canta sobre la mañana.

Después del canto les sonríe

ya que tras el sol siempre llega la esperanza.

Una canción por Puerto Rico

 

Saludos a todos y todas, amigos y lectores de Entre San Juan y la Mancha. Hace varias semanas que no hablamos. A veces las complicaciones de la vida hacen que uno desacelere un poco el ritmo de trabajo o haga una pausa. Yo no hubiera querido que la pausa durara tanto, pero un acontecimiento me entumeció el alma y me dejó sin voz: la devastación que dejó el huracán María sobre Puerto Rico. Para aquellos que no lo sepan yo soy puertorriqueña. Aunque en estos momentos no estoy en la isla, tengo familia y amistades que viven allí. El dolor que escucho en sus voces, cuando logramos comunicación, me tiene el corazón contrito. No obstante, al ver cómo mi gente lucha por salir adelante, cómo muchos boricuas de la diáspora están moviendo cielo y tierra para ayudar a los suyos, al escuchar las voces de apoyo y ver cómo hermanos de otros países se solidarizan con nosotros me llena el alma de luz. Por tal motivo, quiero compartir con ustedes una hermosa canción de la cantante Lorell Quiles. El video humedece mis ojos y la canción me trae esperanza. A todos aquellos y aquellas que han orado, ayudado y trabajado por Puerto Rico ¡gracias! A todos mis hermanos boricuas de la isla: no están solos, sus hermanos están luchando por ustedes. Nos levantaremos. ¡Puerto Rico se levanta!

Me he movido

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Es cierto que me he movido lento,

pero me he movido.

Es cierto que he mirado al futuro con recelo

como esperando encontrar nubes grises

en vez de soles.

 

Confieso todo esto y más.

Confieso que me ha dolido la vida

al medir con el alma

la distancia entre mi tierra y mi exilio.

Confieso que he llorado callada

y confieso que no sé si dejaré de hacerlo.

 

Son ciertas tantas cosas de mí

como son muchas las confesiones guardadas.

Solo quiero ser yo,

auténtica y única.

Un Yo que no tenga que disfrazarse de roca

cuando en realidad es frágil cristal,

al menos, por ahora.

 

Sí,

solo por ahora me siento perdida.

Solo por ahora me siento en el exilio.

Solo por ahora siento este dolor

que se traduce en lágrimas,

lágrimas que esculpen delicadas

la estatua de cristal que es mi Yo.

 

 

Respiro lento y profundo.

Sé que todo acabará.

El dolor se transformará

en celebración genuina

y el exilio en hogar.

Entonces, el cristal volverá a ser roca,

el sol brillará como mil soles

y el futuro se presentará alegre,

juguetón y enternecido.

Porque, aunque es cierto que me he movido lento,

¡me he movido!

4 pasos para cumplir nuestras metas

Todo el mundo tiene metas, al menos, eso pienso. Algunos quieren hacer dieta para lucir una nueva figura en el verano; otros se proponen sacar más tiempo para compartir con la familia; hay quien quiere leer un libro. En fin, que todos y todas tienen alguna meta o sueño que quisieran conseguir. Para ello, hay que crear ciertos hábitos que nos permitan alcanzar lo que deseamos. 
Bryan Johnson, en su video How to on habits, nos propone cuatro pasos para ser consistentes con esos hábitos positivos que nos llevarán a la meta. Se los comparto porque me parece que los mismos nos serán útiles en la vida. A veces nos frustramos y dejamos las cosas a la mitad porque complicamos la ejecución del hábito o nos pusimos una meta imposible. Lo imporante aquí es que, ya que estamos listos para comprometernos con algo, escojamos UNA SOLA COSA. Si decimos “voy a hacer dos horas de ejercicios, leeré un libro al mes y voy a retomar mis clases de___”, hay una alta posibilidad de que no terminemos lo que empezamos. No debemos tratar de hacer veinte cosas a la vez o terminaremos no haciendo nada. Tenemos que escoger una. Entonces, una vez que hemos escogido ¿qué hacemos? Bryan nos recomienda estos 4 pasos para “encender” en nosotros aquellos hábitos que nos ayudarán a obtener nuestra meta.
 
Comprométete con algo que te guste.
No escojas algo porque está de moda o alguien te dijo que lo hicieras. Escoge algo que te apasione; algo que sea positivo para tu vida y que sea a la vez divertido.
 
Convierte esa pasión en tu piedra angular.
¿Qué tienes que hacer para poder vivir tu pasión? Una vez lo sepas, mantente en eso. Recuerda que tu pasión será la zapata de todo lo que construyas.
 
Hazlo todos los días.
Para lograr lo que quieres, tienes que trabajar sobre ello a diario. Hay menos posibilidades de que te quites si es un hábito de todos los días. (Voy a ejercitarme todos los días; voy a leer todos los días; voy a escribir todos los días). 
 
Hazlo sencillo.
No empieces con dos horas de ejercicios; comienza con estacionar el auto más lejos de la entrada del trabajo para caminar un poquito más. No empieces tratando de leer los dos tomos del Quijote; comienza con un verso, una oración o una cita. En resumen, ve a lo micro. Los pequeños cambios son menos intimidantes. Al percibirlos sencillos nos sentimos capaces de llevarlos a cabo sin importan que hayamos vivido un día difícil.
Son 4 pasos súper sencillos, pero que demandan un gran compromiso de nuestra parte. Lo importante es no claudicar jamás, así que, ¡adelante! 
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La metamorfosis de un lunes

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¡Qué difícil pueden ser los lunes! Tal vez sea un mito o una predisposición del ánimo por un acondicionamiento social, pero lo realidad es que los lunes le pesan a uno en el cuerpo y en el alma. Sí, los lunes «pesan» ¡y cómo pesan! No importa si dormiste profunda y placenteramente; o si te amaneciste porque debías entregar un proyecto a primera hora el otro día; o tu niño se enfermó y su fiebre te tuvo en vela. ¡Qué difíciles pueden ser los lunes!

Los lunes representan el regreso a la rutina, a las labores. Los lunes le recuerdan a uno lo mucho que se disfrutó el fin de semana y ahora se tiene que pagar por los placeres obtenidos a deshoras (mea culpa). Igualmente te recuerdan si lo pasaste mal. Ellos tienen ese herrumbre sabor a enfermedad y cansancio que es plenamente mental y aprendido. De la única manera que un lunes sabe a gloria es cuando es festivo. ¡Oh que diferente son los domingos cuando el lunes es feriado! Porque hasta el pobre domingo se ve teñido por nuestro enloquecido ánimo a causa del lunes.

Para mí, el nefasto día es el comienzo de mis locas cavilaciones; o sea, que es el día en que comienzo a considerar qué incluiré en el blog esa semana. Como saben, Entre San Juan y la Mancha se nutre de mis vivencias, observaciones y reflexiones sobre asuntos cotidianos, y no tan cotidianos, expuestos de manera sencilla y jocosa. (Bueno, al menos yo pienso que es jocosa). Así que, indirectamente, los lunes se han ido transformando en días de introspección. Si nos dejamos llevar por la definición del Diccionario de la Real Academia Española -quien define introspección como Mirada interior que se dirige a los propios actos o estados de ánimo*-, podemos concluir que tener un momento para esa mirada nos proporcionará la oportunidad de edificar una semana más feliz, con propósito y con algo que compartir.

Viéndolo desde ese punto de vista, ya los lunes no tienen que ser tan nefastos ni tan pesados: más bien, brillantes, ligeros, llenos de alegría y esperanza. Definitivamente, todo va a depender de nosotros mismos. Así que, queridos lectores y lectoras, comencemos hoy lunes con una actitud positiva, echándole a esta semana una miradita a los proyectos por venir con ánimo de aventura y esperanza. Solo así se puede llevar a cabo la metamorfosis del lunes.

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*Foto metamorfosis de una mariposa: https://www.mariposas.wiki/metamorfosis-de-las-mariposas

**http://dle.rae.es/?id=M0IXEew 

***Foto globo de mariposas: http://www.lovethispic.com/image/137003/butterfly-hot-air-balloon

Buscando guayabas ando yo, anda usted, andamos nosotros

 

¡Ave María! Qué rico es escuchar una buena salsita. Me gusta la música. Mi gusto musical es bastante amplio (o al menos eso creo). Pero la salsa… la salsa tiene un lugar especial en mi corazón y en mis pies. Para mí la salsa es el recuerdo de las fiestas familiares en casa de mis tíos maternos. Bautismos, cumpleaños, Nochebuena, Navidad, día de Reyes eran la excusa perfecta para formar tremendo fiestón al son de Héctor Lavoe, Richie Ray y Bobby Cruz, Tito Rodríguez, Roberto Roena y su Apollo Sound; la Selecta, el Gran Combo, la Sonora Ponceña, la Fania All Star, entre otros. La música no paraba. Era otro más de los invitados, sino el invitado principal. Así que, no debe parecerles raro que yo le dedique unas líneas a la música en este ejercicio de comunicación llamado blog.

Buscando guayaba pertenece al álbum Siembra que grabaron en conjunto Rubén Blades y Willie Colón. El mismo se lanzó al mercado en 1978 y contiene alguna de las canciones más icónicas de la salsa como lo son Pedro Navaja, Plástico y Siembra. Era la época de una salsa más intelectual y de crítica social, pero igualmente sabrosa y bailable. Claro está, cuando uno es una niña en 1978 lo de salsa intelectual importa poco. El hecho de que el tipo de la canción ande buscando guayabas, cuando a mí no me gustaba esa fruta, no me hacía ningún sentido. Además, si no encuentra la bendita guayaba ¿para qué sigue buscando? Que se consiga un mangó, un guineo o una piña.

Al pasar los años pude entender que la guayaba no era guayaba y que las palabras no siempre son lo que parecen ser. ¡Benditas metáforas! Qué nos haríamos sin ustedes. Aquella sabrosa «guayaba» que buscaba el hablante lírico era al objeto de su deseo: «una guayaba salva y morena / una guayaba que esté bien buena»; una «prieta» con sabor a mentol y que lo haga detenerse en su caminar por el mundo. La voz lírica lo que busca es una mujer a quien amar. Y aunque el tema de la mujer como objeto y no como sujeto en la música tropical es harto interesantísimo, tendrá que ser harina de otro costal.

¿Qué es entonces lo que nos ha llamado la atención de esta canción para presentársela a ustedes? Creo que la clave está, no en la guayaba en sí, sino en la búsqueda. ¿Qué tiene el ser humano en su ADN que lo lleva siempre a ella? La búsqueda del amor, la búsqueda de la riqueza, la búsqueda de seguridad, la búsqueda de la longevidad, la búsqueda de la paz. Todos y todas andamos buscando nuestras propias «guayabas» que nos hagan detener en el camino y nos lleven a vivir a la casa dorada que es la felicidad. ¿O no es la felicidad, al final y al cabo, lo que buscas y se hace elusivo en el trayecto? Yo ando buscando mi guayaba, tú andas buscando tu guayaba, todos andamos en busca de esa guayaba «que tenga sabor y que tenga mentol». En ocasiones, el cansancio del camino nos desmotiva y terminamos conformándonos con mangos, guineos o piñas (aunque en la realidad no metafórica todos son muy ricos y no tendría problemas en sustituir la bendita guayaba por ellos). En fin, la senda de la vida se presenta ante usted con sus altas y bajas: el camino no es nada fácil. No obstante, le insto a que siga hacia adelante. El proceso de búsqueda le irá enseñando qué es lo más importante de todo aquello que usted busca y anhela. Llegará el momento en el que lo que usted pensaba que lo haría feliz ya no es tan importante. Se crece y se madura en este caminar por eso son tan importantes los procesos. Por eso, siga hacia adelante, confíe en el proceso, esté dispuesta a dejar morir aquellas cosas que, usted sabe, ya no representa lo que lo hará feliz. Siga poco a poco, paso a paso: al final del camino la guayaba siempre aparece (tal vez vestida de un sabroso mangó).

Una locura llamada esperanza

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Sí, hablar de esperanza en estos tiempos parece una locura. La tristeza, el desasosiego, la angustia, parecen intentar hacer sus nidos en el alma colectiva de los pueblos. Los recientes acontecimientos ocurridos en el estado de la Florida añaden una lágrima más a nuestra ya llorosa conciencia. Pareciera como si los heraldos negros* de César Vallejo cabalgaran salvajes y desbocados sobre la faz de la tierra. Ante tanto dolor, las voces que se han ido levantando han sido voces de dolor, desesperanza y deseos de venganza. ¿Será acaso esta última la solución para erradicar, o al menos minimizar, el sufrimiento de la humanidad? Es entonces cuando hablar de esperanza se hace locura, pero una locura necesaria.

¿Qué es esperanza? Como término, la palabra esperanza se define como «estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea»**. La esperanza cambia nuestro ánimo transformando ante nuestros ojos las circunstancias, haciendo que lo que deseamos sea algo posible y alcanzable. Entonces, ¿qué necesitamos para que la esperanza sea una realidad en esta sociedad convulsa? ¡Esperanzadores! Mujeres y hombres que den, y provoquen, esperanza. Y aunque la palabra esperanzadoraparezca en el diccionario como adjetivo y no como un sustantivo, me tomaré esta libertad poética de trastocar, por un instante, su función. ¡Necesitamos esperanzadores! Gente que dé esperanza en los momentos de mayor oscuridad. ¡Necesitamos esperanzadores! Personas que provoquen ese cambio de ánimo en el prójimo que los lleve a visualizar como posible lo que se desea; mas no solo visualizar, sino también que lo provoque a luchar por aquello que la esperanza sabe que es alcanzable. En un mundo tan dolido, tan enfermo, tan sufrido y violento ¿qué es lo que deseamos? La paz. No traigo esta respuesta como una simplista del tipo concurso de belleza. La paz hay que trabajarla, hay que construirla, hay que sudarla. La paz exige sacrificios de nuestra parte: que le demos nuestro tiempo, nuestras fuerzas; que sirvamos con humildad, con entrega, con pasión. Ser un constructor de paz no es sencillo. Ser un provocador de esperanza tampoco lo es, pero no has tocado vivir un momento en la historia en que se hace urgente y necesario que se levanten hombres y mujeres que se conviertan en esperanzadores. ¿Te convertirás tú en un esperanzador? No es tiempo de hablar de paz; es tiempo de trabajar por ella.

Sé que hablar de esperanza en estos tiempos parece una locura, pero no existe un momento más pertinente que este para hablar de ella. Además, ¿por qué tenerle miedo a esta locura? Al fin y al cabo, entre San Juan y la Mancha siempre habrá espacio para alguna quijotada.

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*http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/ha/vallejo/los_heraldos_negros.htm

** (http://dle.rae.es/?id=GYjXr3Q).

Foto: https://images.sciencedaily.com/2015/03/150312142909_1_900x600.jpg

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