Peculiaridades de una escritora: la música y la búsqueda de inspiración.

Mientras tomaba el curso de Literatura Universal en la universidad, el profesor José Emilio González dijo unas palabras que me marcaron desde ese entonces: el arte engendra arte. Yo no sé si lo que dijo era original suyo o estaba citando a alguien que yo no conocía, lo que sí sé es que esas palabras las veo cumplirse en mis colegas escritores y en mí todo el tiempo. Una pintura inspira una melodía; la melodía inspira un escrito; el escrito da paso a una escultura y así sucesivamente. 
Las bellas artes tienen ese efecto multiplicador. Infiero que se debe a la predisposición del ser humano hacia lo bello que está contenido en el arte. Obviamente, no todas las personas reaccionan de la misma manera ni con la misma intensidad; pero, ya sea para el disfrute o para condenar, el individuo no puede evitar sentir. Aquellos y aquellas con algún tipo de destreza artística, reaccionarán a lo que perciben según su habilidad o gusto. Y así se cumple la máxima de mi querido profesor de que el arte engendra arte.
Este hecho lo encuentro beneficioso ya que, en aquellas ocasiones en las que el deseo de crear no está calibrado con la disposición o el estado mental necesario, el exponerse y entrar en contacto con otras manifestaciones artísticas permite ubicarnos en el espacio que nos llevará a sentirnos inspirados. En mi caso, ustedes saben que cuando quiero escribir en el blog y tengo un bloqueo utilizo alguna forma de arte para poder salir del mismo y entrar a un estado mental creativo. A veces uso el dibujo, como los mandalas; en otras, los sonidos de la naturaleza (que para mí es un tipo de sinfonía). También utilizo la música instrumental. En el caso de mi publicación pasada, Estepa, utilicé una pieza instrumental de violines y piano que es la que ustedes vieron al inicio de este escrito. Como estoy tan cerca del poema, quizás no tenga una objetiva perspectiva del mismo; sin embargo, me parece que algo de la emoción de la pieza musical ha teñido al poema. Cuando escucho la melodía y leo el poema, percibo cómo ambos armonizan y se complementan. 
Ojalá todos hubiésemos visto la chispa que encendió al artista del nuestra obra favorita. Ojalá. Pero, ya que no pudo ser, confórmense con mi chispa que aunque pequeña también en ella está contenida la luz y la inspiración.
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