Reflexiones veraniegas II: releyendo el inicio

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Oficialmente, llegó el verano. ¡Playa es lo que hay! ¡Wepa! ¡Eso es! Cualquiera que me oye pensaría que soy una fiebrúa* de la playa. Pero, si has leído mi blog anteriormente, sabes que no es así (http://entresanjuanylamancha.blogspot.com/2017/06/reflexiones-veraniegas-i-amando-la.html). Yo amo el amar desde lejos, platónicamente, oníricamente, pero con nostálgica pasión. Tal es así que, mientras les escribo, escucho música instrumental con sonido de olas incluido. ¡Qué les puedo decir! Soy isleña y el mar es parte de mí. Y, aunque he comenzado mencionando la playa, mi pensamiento va más inclinado a la llegada del verano. Lo que sucede es que, siendo puertorriqueña, se hace bien difícil hablar del verano sin mencionar el mar. Ahora que lo pienso, es difícil hablar del verano sin mencionar el mar y cualquier otro tipo de cuerpo de agua. ¡Qué no es de ningún cuerpo de agua que les voy a hablar! Ustedes disculpen que ando dando tientos a diestra y siniestra. Lo que sucede es que el tema de hoy vino a mí a causa del tiempo de vacaciones que provee el verano y esa época del año en Puerto Rico siempre está ligada a la playa de alguna u otra manera.

El verano suele estar ligado a las vacaciones. No siempre este es el caso. Usualmente, uno toma vacaciones según las necesidades de la empresa y del empleado… usualmente. Esto implica que el tiempo de descanso no necesariamente caerá en verano: a veces puede caer en primavera, en otoño o en invierno. Pero, si seguimos el calendario escolar, las vacaciones más extensas son las de verano. Y precisamente, por ser las más largas, ellas ofrecen un tiempo privilegiado para la reflexión.

Antes de sentarme a hablar con ustedes, estaba releyendo una de las páginas de uno de mis blogs que se llama El Inicio**. Hace cuatro años que escribí esa corta presentación de cómo comenzó este invento de ser bloguera***. En aquel momento solo deseaba escribir para ayudar a mis estudiantes. Quería ser «cool» para llegar a ellos. Quería poder desarrollar técnicas novedosas para llamar su atención y enamorarlos del lenguaje, de sus partes y de la literatura. En ocasiones, los estudiantes sienten aversión a conocer las estructuras del lenguaje y su literatura, porque ven a los cursos de Español como un gran dolor de cabeza del que quieren deshacerse. Agudas, llanas, esdrújulas; pretérito pluscuamperfecto; verbos, sustantivos, preposiciones; narrador en primera, segunda o tercera persona; madrigal, soneto o verso libre: son solo algunas de las cosas que espantan a nuestros estudiantes. Tal vez la culpa de eso está en nosotros, los educadores, que no hemos sabido como presentar la materia. Tal vez la culpa es del sistema o de la sociedad o de la mentalidad capitalista de la educación. Yo no lo sé y no lo pienso discutir aquí… por ahora. Lo que sí sé es que cuando un estudiante se enamora de un curso, no hay quien lo pare en su deseo de aprender. Posiblemente, eso fue lo que me llevó a escribir, en primera instancia, un blog. Quería hacer algo divertido para atraer su atención y que los enamorara de la clase de Español como yo lo estaba. No obstante, el levantar un blog que hablara, no solo de los por menores del idioma sino también de mis vivencias y observaciones, despertó en mi las ansias de escribir de forma más premeditada y comprometida. Ya no solo era cuestión de preparar algún material que le gustara a los estudiantes o que los motivara; ahora se trataba de darle rienda suelta a una voz que había permanecido callada por muchos años y que ahora encontraba una plataforma de expresión. Me parece que, al final y al cabo, eso es lo que busca todo bloguero: un escenario desde donde contar su historia. Ser bloguera me ha llevado a contar mi historia fuera del aula de clase, más allá de las fronteras geopolíticas que puedan existir. Escribir Entre San Juan y la Mancha me ha permitido ver que las locuras que vivo no son solo mías, sino que existe un conglomerado de personas de diferentes partes del mundo que experimentan esa sin razón llamada vida. Escribir un blog me ha hecho parte de una comunidad de soñadores que quieren ser felices y hacer felices a los demás. Cada uno con su voz, con su discurso, con su llamado.

 

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Con todo y que sé que estoy haciendo lo que tengo que hacer, se repite en mi mente la misma pregunta que me hice hace cuatro años: ¿bloguera yo? Después de todo lo vivido y de todo lo escrito puedo afirmar que sí, soy bloguera. No sé si soy «cool» o estoy «trendy», pero sí sé que tengo algo que decir. Tú también tienes algo que decir. Compártelo. Déjame escuchar tu voz como tú escuchas la mía. Vamos, escribe un comentario bajo estas líneas. Suscríbete y sigue junto a mí en esta aventura porque entre los vericuetos del lenguaje siempre hay un lugar para una quijotada.

Hasta la próxima publicación y nos vemos Entre San Juan y la Mancha.

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* Fiebrú/a: adj. Término familiar para fanático, admirador.

** http://entresanjuanylamancha.blogspot.com/p/reflexiones.html

*** Hace cuatro años comencé mi blog por WordPress.com. El artículo en cuestión se encuentra allí bajo el título «¿Tutora bloguera? ¡Por qué no!».

4 pasos para cumplir nuestras metas

Todo el mundo tiene metas, al menos, eso pienso. Algunos quieren hacer dieta para lucir una nueva figura en el verano; otros se proponen sacar más tiempo para compartir con la familia; hay quien quiere leer un libro. En fin, que todos y todas tienen alguna meta o sueño que quisieran conseguir. Para ello, hay que crear ciertos hábitos que nos permitan alcanzar lo que deseamos. 
Bryan Johnson, en su video How to on habits, nos propone cuatro pasos para ser consistentes con esos hábitos positivos que nos llevarán a la meta. Se los comparto porque me parece que los mismos nos serán útiles en la vida. A veces nos frustramos y dejamos las cosas a la mitad porque complicamos la ejecución del hábito o nos pusimos una meta imposible. Lo imporante aquí es que, ya que estamos listos para comprometernos con algo, escojamos UNA SOLA COSA. Si decimos “voy a hacer dos horas de ejercicios, leeré un libro al mes y voy a retomar mis clases de___”, hay una alta posibilidad de que no terminemos lo que empezamos. No debemos tratar de hacer veinte cosas a la vez o terminaremos no haciendo nada. Tenemos que escoger una. Entonces, una vez que hemos escogido ¿qué hacemos? Bryan nos recomienda estos 4 pasos para “encender” en nosotros aquellos hábitos que nos ayudarán a obtener nuestra meta.
 
Comprométete con algo que te guste.
No escojas algo porque está de moda o alguien te dijo que lo hicieras. Escoge algo que te apasione; algo que sea positivo para tu vida y que sea a la vez divertido.
 
Convierte esa pasión en tu piedra angular.
¿Qué tienes que hacer para poder vivir tu pasión? Una vez lo sepas, mantente en eso. Recuerda que tu pasión será la zapata de todo lo que construyas.
 
Hazlo todos los días.
Para lograr lo que quieres, tienes que trabajar sobre ello a diario. Hay menos posibilidades de que te quites si es un hábito de todos los días. (Voy a ejercitarme todos los días; voy a leer todos los días; voy a escribir todos los días). 
 
Hazlo sencillo.
No empieces con dos horas de ejercicios; comienza con estacionar el auto más lejos de la entrada del trabajo para caminar un poquito más. No empieces tratando de leer los dos tomos del Quijote; comienza con un verso, una oración o una cita. En resumen, ve a lo micro. Los pequeños cambios son menos intimidantes. Al percibirlos sencillos nos sentimos capaces de llevarlos a cabo sin importan que hayamos vivido un día difícil.
Son 4 pasos súper sencillos, pero que demandan un gran compromiso de nuestra parte. Lo importante es no claudicar jamás, así que, ¡adelante! 
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Buscando guayabas ando yo, anda usted, andamos nosotros

 

¡Ave María! Qué rico es escuchar una buena salsita. Me gusta la música. Mi gusto musical es bastante amplio (o al menos eso creo). Pero la salsa… la salsa tiene un lugar especial en mi corazón y en mis pies. Para mí la salsa es el recuerdo de las fiestas familiares en casa de mis tíos maternos. Bautismos, cumpleaños, Nochebuena, Navidad, día de Reyes eran la excusa perfecta para formar tremendo fiestón al son de Héctor Lavoe, Richie Ray y Bobby Cruz, Tito Rodríguez, Roberto Roena y su Apollo Sound; la Selecta, el Gran Combo, la Sonora Ponceña, la Fania All Star, entre otros. La música no paraba. Era otro más de los invitados, sino el invitado principal. Así que, no debe parecerles raro que yo le dedique unas líneas a la música en este ejercicio de comunicación llamado blog.

Buscando guayaba pertenece al álbum Siembra que grabaron en conjunto Rubén Blades y Willie Colón. El mismo se lanzó al mercado en 1978 y contiene alguna de las canciones más icónicas de la salsa como lo son Pedro Navaja, Plástico y Siembra. Era la época de una salsa más intelectual y de crítica social, pero igualmente sabrosa y bailable. Claro está, cuando uno es una niña en 1978 lo de salsa intelectual importa poco. El hecho de que el tipo de la canción ande buscando guayabas, cuando a mí no me gustaba esa fruta, no me hacía ningún sentido. Además, si no encuentra la bendita guayaba ¿para qué sigue buscando? Que se consiga un mangó, un guineo o una piña.

Al pasar los años pude entender que la guayaba no era guayaba y que las palabras no siempre son lo que parecen ser. ¡Benditas metáforas! Qué nos haríamos sin ustedes. Aquella sabrosa «guayaba» que buscaba el hablante lírico era al objeto de su deseo: «una guayaba salva y morena / una guayaba que esté bien buena»; una «prieta» con sabor a mentol y que lo haga detenerse en su caminar por el mundo. La voz lírica lo que busca es una mujer a quien amar. Y aunque el tema de la mujer como objeto y no como sujeto en la música tropical es harto interesantísimo, tendrá que ser harina de otro costal.

¿Qué es entonces lo que nos ha llamado la atención de esta canción para presentársela a ustedes? Creo que la clave está, no en la guayaba en sí, sino en la búsqueda. ¿Qué tiene el ser humano en su ADN que lo lleva siempre a ella? La búsqueda del amor, la búsqueda de la riqueza, la búsqueda de seguridad, la búsqueda de la longevidad, la búsqueda de la paz. Todos y todas andamos buscando nuestras propias «guayabas» que nos hagan detener en el camino y nos lleven a vivir a la casa dorada que es la felicidad. ¿O no es la felicidad, al final y al cabo, lo que buscas y se hace elusivo en el trayecto? Yo ando buscando mi guayaba, tú andas buscando tu guayaba, todos andamos en busca de esa guayaba «que tenga sabor y que tenga mentol». En ocasiones, el cansancio del camino nos desmotiva y terminamos conformándonos con mangos, guineos o piñas (aunque en la realidad no metafórica todos son muy ricos y no tendría problemas en sustituir la bendita guayaba por ellos). En fin, la senda de la vida se presenta ante usted con sus altas y bajas: el camino no es nada fácil. No obstante, le insto a que siga hacia adelante. El proceso de búsqueda le irá enseñando qué es lo más importante de todo aquello que usted busca y anhela. Llegará el momento en el que lo que usted pensaba que lo haría feliz ya no es tan importante. Se crece y se madura en este caminar por eso son tan importantes los procesos. Por eso, siga hacia adelante, confíe en el proceso, esté dispuesta a dejar morir aquellas cosas que, usted sabe, ya no representa lo que lo hará feliz. Siga poco a poco, paso a paso: al final del camino la guayaba siempre aparece (tal vez vestida de un sabroso mangó).

Una locura llamada esperanza

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Sí, hablar de esperanza en estos tiempos parece una locura. La tristeza, el desasosiego, la angustia, parecen intentar hacer sus nidos en el alma colectiva de los pueblos. Los recientes acontecimientos ocurridos en el estado de la Florida añaden una lágrima más a nuestra ya llorosa conciencia. Pareciera como si los heraldos negros* de César Vallejo cabalgaran salvajes y desbocados sobre la faz de la tierra. Ante tanto dolor, las voces que se han ido levantando han sido voces de dolor, desesperanza y deseos de venganza. ¿Será acaso esta última la solución para erradicar, o al menos minimizar, el sufrimiento de la humanidad? Es entonces cuando hablar de esperanza se hace locura, pero una locura necesaria.

¿Qué es esperanza? Como término, la palabra esperanza se define como «estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea»**. La esperanza cambia nuestro ánimo transformando ante nuestros ojos las circunstancias, haciendo que lo que deseamos sea algo posible y alcanzable. Entonces, ¿qué necesitamos para que la esperanza sea una realidad en esta sociedad convulsa? ¡Esperanzadores! Mujeres y hombres que den, y provoquen, esperanza. Y aunque la palabra esperanzadoraparezca en el diccionario como adjetivo y no como un sustantivo, me tomaré esta libertad poética de trastocar, por un instante, su función. ¡Necesitamos esperanzadores! Gente que dé esperanza en los momentos de mayor oscuridad. ¡Necesitamos esperanzadores! Personas que provoquen ese cambio de ánimo en el prójimo que los lleve a visualizar como posible lo que se desea; mas no solo visualizar, sino también que lo provoque a luchar por aquello que la esperanza sabe que es alcanzable. En un mundo tan dolido, tan enfermo, tan sufrido y violento ¿qué es lo que deseamos? La paz. No traigo esta respuesta como una simplista del tipo concurso de belleza. La paz hay que trabajarla, hay que construirla, hay que sudarla. La paz exige sacrificios de nuestra parte: que le demos nuestro tiempo, nuestras fuerzas; que sirvamos con humildad, con entrega, con pasión. Ser un constructor de paz no es sencillo. Ser un provocador de esperanza tampoco lo es, pero no has tocado vivir un momento en la historia en que se hace urgente y necesario que se levanten hombres y mujeres que se conviertan en esperanzadores. ¿Te convertirás tú en un esperanzador? No es tiempo de hablar de paz; es tiempo de trabajar por ella.

Sé que hablar de esperanza en estos tiempos parece una locura, pero no existe un momento más pertinente que este para hablar de ella. Además, ¿por qué tenerle miedo a esta locura? Al fin y al cabo, entre San Juan y la Mancha siempre habrá espacio para alguna quijotada.

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*http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/ha/vallejo/los_heraldos_negros.htm

** (http://dle.rae.es/?id=GYjXr3Q).

Foto: https://images.sciencedaily.com/2015/03/150312142909_1_900x600.jpg

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¿Tutora bloguera? ¡Por qué no!

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Había entrado al café solo por un momento: sería una cosa de la ida por la vuelta. Sin embargo, al entrar al lugar, me encontré con un gentío atípico para ese día de la semana. Unos minutos en el lugar fueron suficientes para enterarme de lo que estaba sucediendo: era una conferencia sobre cómo hacer un blog. Um… La verdad es que el tema siempre me había interesado, así que, ni corta ni perezosa, tomé asiento.

La actividad fue fantástica y la información allí brindada, de primera. El único problema con ella era que había logrado poner en mi cabeza un enjambre de ideas poco convencionales. Soy tutora de español -y con esto me refiero a que ayudo a los estudiantes a clarificar sus dudas con respecto a las artes del lenguaje-. O sea, que estoy ligada a la educación. Año tras año, busco formas útiles y novedosas que me permitan desarrollar nuevas estrategias de enseñanza. Pero, sobre todo, estrategias que permitan acercarme a ellos y poder provocarles interés en la materia. Así que, la idea de tener un blog o una página en la red ya había hormigueado por mi cabeza.

Para mí, abrir un sitio en la red, o un blog, era una cosa demasiado complicada. Además, había que ser «cool». Y aunque me considero muy «cool» (guiño un ojo), ¿de qué voy a hablar? ¿Cómo puedo hacer de esta herramienta una productiva a favor de mis alumnos? ¿Habrá alguien que lea? Muchas preguntas y consideraciones me vinieron a la cabeza. No obstante, algo que aprendí de la conferencia a la que asistí -por casualidad y sin ser invitada- era que hay público para todas las cosas y un lector para todo lo escrito.
Entonces, ¿por qué no? ¿Qué de malo hay en una tutora bloguera? En fin, que aquí estoy, escribiendo; y tú, leyendo. Veamos hasta dónde nos llevan las palabras.