Por si no lo he dicho antes

Pareja.pexels.photo

Creo que lo he dicho otras veces,
no lo sé.
Creo que he dicho las mismas palabras
antes de rayar el alba.
Creo que he dicho lo mismo
vestido con otro ropaje.
Sin embargo, aunque las haya dicho o no,
siento que debo hacerlo.

Siento que debo decirte

que en tus ojos se esconden la noche y las estrellas.
Que tu sonrisa es el puerto seguro
donde mueren todas mis angustias.
Que tu aroma es la suma de todos mis deseos
y tu cuerpo es el sol
donde extinguen todos mis inviernos.
Parece una locura repetir
lo que se ha dicho tantas veces 
con hechos y gestos.
No obstante, 
sé que las palabras tienen una magia especial;
que también son importantes. 
Las palabras marcan la memoria;
provocan heridas o sanan. 
Las palabras tienen un poder que va más allá del tiempo.
Por eso,
cuando estemos viejos,
quiero que recuerdes esto:
que en tus ojos se esconden la noche y las estrellas;
que tu sonrisa es mi puerto;
que tu aroma es la suma de todo aquello que deseo
y que en tu cuerpo siempre termina el invierno. 

El viejo arte de escribir cartas

El viejo arte de escribir cartas

 

¡Por favor! ¡Qué alguien me diga que recuerda cuando se escribían cartas! Yo lo recuerdo y no soy tan vieja. Soy consciente  de que hay una generación que nació en la era digital en la que hablar de internet, celulares, skype, Facetime, WhatsApp, etc., es lo más normal del mundo. Sé que existen personas que no se pueden imaginar cómo era el mundo antes del celular. También sé que hay otras que el único correo que conocen es el electrónico; que piensan que la dirección postal es solo para llenar documentos oficiales y para que le lleguen a uno las deudas. Esto último sino no sean matriculado en el programa «paperless» de la compañía para que todo se lo envíen al email.

 

Yo sé todo esto, sin embargo, no deja de asombrarme cuando personas de mi generación, o anteriores, se muestran asombradas y confusas cuando les digo que quiero escribir una carta de mi puño y letra o que me gustaría recibir una carta de algún amigo en el buzón. De repente, parece que me salieran monos en la cara por la mirada incrédula de mi interlocutor. 

  • Pero… ¿Tú no lo tienes en Facebook?
  • Sí, lo tengo en Facebook.
  • Pues envíale un mensaje por Messenger.
  • ¿Un mensaje por Messenger? Si yo le escribo por WhatsApp todos los días.
  • ¿Entonces?
  • ¿Entonces qué?
  • ¿Para qué quieres escribirle una carta de papel?
  • Bueno, para hacer algo diferente. No sé, enviarle cosas bonitas.
  • Nena, pues envíale un email con algún video de YouTube o algo así.
  • Pero es que yo quiero enviarle algo tangible; algo que pueda, tocar, admirar y leer de mi puño y letra.

 

Mi interlocutor me mira perplejo, como me mira la empleada de la tienda cuando, en la sección de tarjetas, le pregunto que dónde están los conjuntos de papeles con diseños y sobres para escribir cartas. ¡Es que me mira con una cara! Parece que le dijera “buenas tardes, señora, ¿sería tan amable de indicarme cómo llego al planeta B612? Me urge estar allí para cuidar de mi rosa. Por cierto, ¿no tendrá usted por ahí un par de aves que me preste para volar de regreso a mi planeta?”.

 

En este nuevo mundo tecnológico, donde la gratificación instantánea es la orden del día, el arte de escribir cartas a mano se convierte en algo lejano, confuso e ininteligible. ¿Por qué esperar días, hasta semanas, por una carta? ¿Por qué? Creo que los que llegamos a escribir cartas a nuestras amistades o a algún gran amor sabemos por qué: la emoción que rodea todo el proceso. Recordamos la alegría a la hora de escoger el papel y el sobre con los mejores diseños antes de escribir la misiva. Algunos escribían en un color de bolígrafo en específico; otros enviaban dentro de los sobres pequeños obsequios: una foto, un marcador de libros, un recorte de periódico, etc. Pero si eso era emocionante, más lo era esperar la respuesta de la carta. ¿Cuánto se tardaría en responder? A eso había que añadirle el hecho si la persona vivía en otro país: después de escrita, hasta una semana si era E.E.U.U. y dos semanas si era Europa. ¿Y si mi carta nunca llegó? ¿Y si su respuesta se extravió? Entonces, cuando íbamos al buzón, allí estaba: sentadita muy quieta, escondida detrás de las otras cartas que solo hablaban de deudas. Tomábamos la carta en las manos y nos encerrábamos en el cuarto a leer. Nos fijábamos en los trazos de cada letra, en el tipo de papel; leíamos cada oración lentamente y escuchábamos la voz de la otra persona resonar en nuestra memoria. Reíamos con las anécdotas y los chistes de los amigos; llorábamos con las noticias tristes de algún familiar; suspirábamos con los requiebros de amor. 

 

Tal vez todos ustedes me entiendan; tal vez solo me entiendan algunos. Quizás uno que otro me mira con ternura porque verá en mis palabras algún recuerdo, alguna añoranza, alguna nostalgia. ¡Quién sabe! Es posible que haya un poco de todo o nada. No crean que voy a abandonar toda la modernidad de la tecnología para encerrarme en el siglo XIX de las utopías. ¡Qué va! A mí me encanta la tecnología y el internet me permite hablar con ustedes, que viven en diferentes países. No obstante, de vez en cuando quisiera escribir una misiva; quisiera vivir las emociones que vivía cuando lo hacía. Sé que todo es pura nostalgia o anhelo inconfeso, pero no se puede negar que hay una magia especial en el viejo arte de escribir cartas. 

Soñarte de madrugada ©

dawn-pexels-photo

Debería dejar de escribir de madrugada,

entre medio del sueño y la vigilia.


Debería dejar de pensarte

cuando mis ojos cansados

se cierran,

mis manos se van adormeciendo

y mi respiración va tomando

un compás lento y profundo.


Debería dejar de invocarte

en ese momento de consciencia adormilada.

Debería dejar de hacerlo

porque no conviene.


¿Cómo puede convenir

dejar la puerta abierta de mi consciente

cuando llenas cada rincón de mi inconsciencia?

Quisiera ser la noche oscura y eterna,

pero eres cada una de mis millones de estrellas.


Debería dejar de escribir entre el sueño y la vigilia

porque siempre que lo hago

no dejo de soñarte

en la madrugada.

¡Ay! ¡Ese toro!

¡Ay! ¡Ese toro! Para mí, El toro y la luna, es una de las canciones más hermosas que conozco. Ella encierra una tristeza, una lágrima, que se derrama por cada palabra de su lírica. Esto es así porque El toro y la luna no es otra cosa que la historia de un amor no correspondido. Este toro valiente, de casta, ha sido condenado por el mayoral a vivir con un campanero al cuello por sus constantes huidas de la manada. Estas huidas son a causa del amor no correspondido que el toro siente por la luna. La realidad es que ella desconoce los sentimientos del toro ya que él la admira escondido entre la jara y la sombra. Cuando el toro, muy valiente para muchas cosas menos para el amor, se lanza sobre el agua del río -quien refleja la luz de la luna-, se frustra grandemente al ver que se ha ido y vuelca su dolor embistiendo al río.

Como les dije, la canción está llena de pasión y también de dolor. Ahora bien, me pregunto, si la luna hubiera sabido lo que sentía en toro, ¿le habría correspondido? ¿Qué ustedes piensan?

____________________

  1. https://youtu.be/0QLXbOhumQQ
  2. La lírica que aparece en el video tiene dos errores que deben leer de la siguiente manera: a) “el torito se mete en el agua, embistiéndole al ver que se ha ido”; b) “la luna sale esta noche con negra bata de cola”.

Cavilaciones y otras lujurias no confesadas

Tom-Hiddleston-Deep-Blue-Sea

Simplemente es bello. Es bello desde la inocencia y es bello desde la lujuria. Es bello para contemplarse y es bello para soñarse. En fin, que Tom Hiddleston es más hermoso que un cupido. Instalados desde esa belleza, se erigen toda una serie de castillos en el aire alrededor del objeto de nuestro deseo. Es entonces cuando ese objeto (objeto, sí, porque deja de ser sujeto para convertirse en el objeto de nuestras fantasías) se ve adornado de toda una serie de virtudes, cualidades y talentos que no necesariamente están sustentados por la realidad. Para nosotros y nosotras hay una sola verdad: la que nos pintan la imaginación y la fantasía.

Oye, yo no estoy diciendo que ese actor carezca de virtudes, buenas cualidades o talentos. Lo que digo es que en el mundo de la ilusión y la fantasía poco importa la verdad que los demás ven, sino la que perciben los hechizados ojos de nuestras pasiones. Porque en cada virtud con la que adornamos a nuestro «amado» se ve reflejada nuestra búsqueda, nuestra necesidad o nuestro vacío. También se pueden esconder algunos asuntos no resueltos o temores que no se quieren enfrentar. Esto podría ser hasta contraproducente si nuestras relaciones amorosas se ven boicoteadas por la idea de «yo quiero un hombre como Tom Hiddleston» cuando el hombre que deseas es el resultado de tus fantasías encarnadas en un cuerpo y, por lo tanto, no existe en el mundo real. A todo esto yo le llamo el «síndrome de Dulcinea del Toboso».

Dulcineadeltoboso

Sabemos que Dulcinea del Toboso era la interpretación caballeresca que don Quijote hizo de Aldonza Lorenzo: una saladora de puercos que no había visto  ni cuatro veces en su vida. Don Quijote convirtió a esta en la dama de sus pensamientos y en su refugio contra las pasiones carnales. Varios fueron los momentos en los que el Caballero de la triste figura pudo haber dado rienda suelta a sus pasiones; no obstante, el pensamiento de su señora Dulcinea lo detenía. Igualmente, don Quijote pudo haber encontrado el amor en otros brazos, pero las cualidades y virtudes de su amada, le hacían declinar de los requiebros de otras damas porque ninguna se podía comparar a la sin par Dulcinea del Toboso.

¿Qué podemos sacar, entonces, de todo esto? Que usted puede tener todas las fantasías que quiera con Tom Hiddleston, o el que sea, pero recuerde: 1) el amado perfecto no existe -es un constructo, así que, deje de estar rechazando a todos los prospectos por nimiedades- ; 2) el amor conlleva riesgo; 3) el amor se construye; y 4) trabaje con usted primero, enfrente sus temores y siga hacia adelante.   

Yo, mientras tanto, seguiré deleitándome en mi caballero inglés; guardando todas las fotos que pueda en mi tablero en Pinterest hasta la próxima publicación de Entre San Juan y la Mancha.

dulcinea y don quijote

_______________

*Tom Hiddleston: http://www.craveonline.com/site/760705-tom-hiddleston-new-director-join-skull-island. 

**Dulcinea: inciclopedia.wikia.com/wiki/Archivo:Dulcineadeltoboso.jpg

***Dulcinea y don Quijote: http://bibliotecanedo.blogspot.com/2016/05/dulcinea-del-toboso.html