Cómo controlar el temperamento explosivo (o pintando pececitos de colores)

 

¡AHHH!… A veces quisiera gritar como una loca; en otras quisiera golpear cosas. Trato de hacerme la intelectual y me digo “vamos, Lorem, que no es para tanto; sé racional”. No obstante, en ocasiones, el coraje llega de repente -coraje mezclado con estrés- y nubla todo el entendimiento. No grito como loca ni golpeo cosas (mucho menos personas). Lo que sí hago en ocasiones es comer de puros nervios y coraje. (Ok, ok. Sé que no lo debo hacer. Pero bueno, les estoy abriendo mi corazón, así que, nada de sermones). En fin, que trato de encontrar sosiego en la situación problemática con gratificación rápida y accesible. Ahora bien, como sé que eso no es bueno ni saludable, ando buscando alternativas que se ajusten a mí y a mi realidad.

La idea de tomar un avión para visitar algún hermoso país o tomar un lujoso crucero es muy atractiva, pero no pasa de eso: de ser una idea atractiva. Al fin y al cabo, no puedo tomar un avión cada vez que me vaya a dar un coraje. ¡Imagínense! En fin, que he estado auscultando diferentes estrategias para encontrar aquella que me ayude a calmar mi ánimo cuando de coraje se trate. En ese proceso de búsqueda he dado con algo que tal vez a muchos de ustedes no le sea extraño.
Hace meses -tal vez un año- se ha puesto de moda los libros de pintar para adultos. Vienen unos con mensajes inspiradores; otros, con bellísimos diseños para colorear. La idea es centrarse en una actividad que demande concentración, pero que no conlleve preocupación. Además de los libros de colorear, también se ha puesto de moda hacer mandalas. Esto me ha parecido mucho más atractivo. Dibujar círculos concéntricos y de ahí empezar a eloborar diseños se ha convertido para mí en un pasatiempo de lo más interesante, entretenido y relajante. Pongo música instrumental, saco mis libretas y a pintar se ha dicho. El problemilla (si es que se le puede llamar así) es que cuando estoy en este ejercicio se estimula mi sensibilidad artística y me pongo a escribir. Un profesor que tenía en la universidad, el Prof. Josemilio González, nos decía en su clase que “el arte engendra arte”. Y no es que considere que lo que yo hago sean piezas de arte, pero sí veo cómo cobra vida las palabras del buen profesor. Entonces, ya no se hace raro para mí escribir poemas cuando dibujo mandalas. Para mí ya se han convertido en la representación escrita de la expuesto pictóricamente; que a su vez es la manifestación de mi Yo interior que busca una salida a una situación de gran tensión. (¡Uy! Esto suena a cosa muy profunda). 
Sea para uno relajarse, canalizar algún coraje o expresar un sentimiento, el arte no hace otra cosa más que mostrar las interioridades, debilidades y temores de aquel o aquella que crea. Puede ser un artista renacentista, barroco, ilustrado, romántico, modernista, vanguardista, contemporáneo, etc., las interioridades de su humanidad siempre permearán su obra; y el hecho de que su humanidad esté allí incrustada es lo que convierte la obra de arte en un clásico. Por lo tanto, a la hora de controlar un temperamento explosivo, o no tan explosivo, siempre se puede respirar profundo, escuchar música relajante y dejar que el arte canalice las sombras de nuestra existencia y las transforme en la luz de las posibilidades. Así que, con el permiso de ustedes, me voy a pintar pececitos de colores.

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