Siendo feliz sin pedir permiso

All bodies are good bodies.Smart Glamour

Soy gorda. Sí, obesa, talla grande, full figure, plus size, woman size o como le llamen en su país de procedencia. Lo menciono aquí como un dato, no un lamento; como una característica objetiva y evidentemente obvia de la que tengo harto conocimiento desde hace varios años. Y digo esto, porque he comenzado a preguntarme si las personas piensan que no me he dado cuenta del asunto. Hoy, como en otras ocasiones, he tenido que sufrir el bien intencionado comentario de una persona con referencia a mi cuerpo. En esta ocasión fue en mi trabajo:

Buenos días –dije con una sonrisa.

– Oye, ¿te vas a comer eso? Mira que eso tiene muchos carbohidratos y engorda.

– Yo compré esto de desayuno y me lo voy a comer.- (Imagíneme diciendo esto con cara de «que paciencia tengo que tener» y «a ti qué te importa»).

– Eh… Bueno, está bien. Al fin y al cabo tú lo quemas bailando salsa. (Ahora imagíneme con cara de What the fuck! ).

Mientras disfrutaba del pecaminoso desayuno, comencé a considerar por qué muchas personas se sienten obligadas a hacer algún tipo de comentario a una persona que no le solicitó su opinión. He llegado a una conclusión: la persona padece del síndrome Mejor afuera que adentro. Sí, definitivamente, no puede ser otra cosa. La persona se siente en la necesidad casi compulsiva de decir algo, cualquier cosa, a ese otro que tiene ante sí y como su mente está perturbada, busca en la región oscura de sus temores, complejos o prejuicios aquello que le sirva para llenar ese incómodo momento de vacío que ella siente debe llenar. Por eso, esta persona hace todo tipo de comentario inapropiado: si no te ve hace tiempo, « ¡wao! Pero que gordo estás»; «no sigas tomando sol que te vas a poner prieto»; «yo no recordaba que tuvieras el pelo tan malo»; « ¡qué jinchera! Pareces una muerta»; «muchacho, pero que flaco. Tienes que echar unas libritas»; etc. Si el comentario no les viene en el momento, entonces recurren a la «broma». La misma tiene la variante de la ambigüedad. Cuando el que sufre la broma responde defensivo, el «enfermo» lo mira con expresión entre sorprendida e inocente y se suelta un «era una broma; no lo tomes a mal».

Me pregunto si el síndrome de Mejor afuera que adentro será contagioso. Si es así, tenemos que, como sociedad, elaborar una vacuna para el mismo. Es triste ver cómo personas se sienten con derecho de juzgar y comentar sobre la vida y decisiones de otras, amparadas en la idea de que «lo digo por tu bien». La realidad intrínseca en el asunto es que aquel que comenta oculta, en los cuartos oscuros de su vida, todo un sin número de complejos e inseguridades que chocan contra la felicidad de aquellos que han aprendido a amarse cómo son. Mujer, hombre; transgénero, transexual, travesti; negro, blanco, amarillo, rojo; cristiano, musulmán, judío; gordo o flaco son diferentes etiquetas para una realidad que trasciende todo esto: todos somos seres humanos que queremos ser felices. Y a pesar de todas las luchas, prejuicios e inseguridades, hemos decidido ser felices con nuestro cuerpo, nuestra identidad y nuestro yo. Así que, ámese y no pida permiso para ser feliz con usted mismo.

threepeople_md

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